Capítulo 1



Nunca imagine que pudiera llegar a ese extremo, tenia el cuchillo en mi mano ensangrentado de arriba a bajo y Fred sangraba sin parar, de repente sus ojos se centraron en mi, la rabia y el dolor reinaban su triste pero impotente mirada. De repente imagine que balbuceaba algunas palabras, era probable que me lo imaginara ya que había bebido demasiado esa misma noche.

De repente me desperté en medio de la noche, las ventanas estaban abiertas, era un habitación pequeña, sin mas que una cama, una mesa de noche y un armario que lo había comprado en un anticuario un poco cutre, por mi parte. Recibi el aire de la noche como una buena bofetada, estaba amarrada de un sudor frío de pánico indestructible a causa de la horrible pesadilla que acababa de vivir.

mi ritmo cardiaco estaba mas acelerado de lo normal y mi respiración era rápida y sin pausa.

Al ver a Fred al otro lado de la cama me alivie al acto, quise despertarlo pero no lo hice, eran las 03:50 a.m y supe que seria una de las noches mas largas de mi vida.

No tenia sueño, toda Barcelona estaba dormida, decidí ir a dar un paseo haber si me despejaba un poco. Me puse una camiseta y un pantalón y salí por la puerta de mi casa, baje las escaleras hasta llegar al vestíbulo, era un vestíbulo pequeño con dos butacas y el cuarto de la portera. La señora Mercedes, la portera, era una mujer cotilla, amable, pero cotilla. vivía con su marido y su hijo en un piso del Paralelo, que daba a la plaza del antiguo teatro '' El Molino''.
mi piso estaba situado en la calle del Consejo De Ciento, cerca de la plaza cataluña. Era pequeño, no mas de dos habitaciones, suficiente para mi i mi marido Fred.
Fred era un hombre de padres americanos que habían emigrado a España por motivos de trabajo, cuándo lo conocí, apenas hablaba español y al cabo de un año de relación nos casamos.
Gire en dirección al paseo de gracia i camine hasta la Plaza Cataluña, en llegar había unos cuantos mendigos durmiendo entre cartones y mantas. La plaza Catalunya estaba solitaria, no había ni una paloma, me sentía bien.

De repente mi tranquilidad se fue de golpe, vi como un hombre me observaba fijamente, estaba de pie, no debía de medir mas de un metro ochenta y llevaba una gabardina y un paraguas,

pensé que estaba delirando por lo sucedido antes, estaba equivocada ese hombre misterioso se acercaba hacia mi lentamente, no sabia que hacer, si echar a correr o quedarme sentada y hacer ver que no pasaba nada, escogí la segunda opción.

El hombre al fin llego hasta mi se sentó a mi lado y abrió el paraguas, no se porque lo hizo ya que no caía ni una misera gota de agua.

Balbuceaba unas palabras que no lograba entender.

- ¿perdone?

-¿ha dormido bien?

-pues, supongo que si.

El hombre tenia una voz grave y bronca, su aspecto era de un hombre de unos sesenta años, llevaba una barba de tres días blanca, supongo que por la vejez, sus pelos eran escasos y blancos y sus ojos eran de un color marrón no muy bonito.

-¿ha dormido bien?

- ya le he dicho que si.

-entonces porque me miente, porque la pesadilla que ha tenido esta noche no ha sido muy agradable.

gire la mirada para reflexionar, tenia el cerebro un poco dormido, ¿ pero como podía saber ese hombre lo que había soñado esa noche?

-perdone, como puede...

¡ El hombre ya no estaba!

Se había esfumado como si fuera un espíritu y solo había dejado el paraguas negro y una nota con una dirección:


calle de la niebla n53
esa noche empecé a creer en fantasmas.





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