Capítulo 3


No daba crédito a lo que acababa de vivir esas ultimas horas, creo que me había topado con un espíritu que sabia lo mal que lo había pasado en mi pesadilla.
Eran las dos de la mañana y me entro un sueño horrible así que cogí un taxi, llegué a mi piso i me eche a hacer una siesta.
Estaba en el orfanato, sonaban un montón de campanillas, el profesor estaba quieto sin decir nada igual que los otros compañeros. De repente una fuerza interna me arrastraba hacia una dirección desconocida. Llegaba a una habitación oscura, no se veía nada hasta que una bombilla alumbró la habitación, cuando quise inspeccionar la habitación encontré un cuerpo tendido en el suelo, no se movía, me acerqué un poco mas y vi que el hombre era Daniel, el abogado. Tenía la boca abierta i los ojos arrancados con las manos atadas con cadenas, mi garganta expulsó un grito de pánico y me desperté en mi habitación.

Quise recapacitar sobre lo ocurrido, ese hombre, fuera quien fuera quería decirme algo pero yo no conseguía saber el que.

Creo que a estos extremos ya os merecéis saber mi historia:
En realidad no me llamo María, me llamo Blanchette, soy una chica que no tuvo muy buena infancia.
Nací en París, Francia en un hospital en los suburbios , mis padres me abandonaron en la puerta de un orfanato , uno de los mejores de la ciudad.
Nunca he sabido quien son mis padres, creo que son franceses, pero no se si están vivos o si han muerto.
En el orfanato me pusieron Blanchette, allí me educaban, me daban de comer y me formaron como la mujer que soy ahora, creo que hubiera sido lo mejor para mi.
Nunca tuve padres adoptivos y me pudrí allí hasta los diecisiete años hasta que conocí a Pedro, el mayor estafador que he conocido en mi vida.
Me propuso que me fuera con el a Barcelona, sueños de futuro, una nueva ciudad con mucho jugo por extraer. Yo acepte y cuando llegué lo único que vi era una ciudad hundida en una negra dictadura y llena de rabia y rencor.
Pedro solo me usaba como su criada y no me pagaba nada, a veces cuando volvía bebido me pegaba y me usaba como esclava sexual.
Cuando no aguanté más me escapé, no tenia a nadie, ni una mísera peseta. Pidiendo por la calle conocí a Fred.
Ese día empecé a ser María y aquí estoy.

El móvil me empezó a sonar, lo cogí,
-¿diga?
-hola, ¿sabes quien soy?
Esa voz me resultaba realmente familiar, porqué era la del abogado.
-si, si, pe... pe...
-claro, soy un espíritu, ¿no?
-no puede ser, usted esta muerto.
-el portero, no te puedes fiar de nadie, ni de tu misma.
-¿quiere decir que ese hombre me ha mentido?
-exactamente.
-¿podemos quedar y me explica la verdad?
-a las nueve en el café de las Ramblas.

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